Según explicó, por ahora se trata más de un fenómeno mediático que de una realidad consolidada, aunque reconoció que ampliar la oferta de proteínas puede ser una alternativa válida.
Schiaritti vinculó esta discusión con múltiples factores, entre ellos el impacto del clima en la producción ganadera, recordando la fuerte sequía de 2023 y las posteriores inundaciones que afectaron millones de hectáreas. Estas condiciones redujeron la cantidad de animales disponibles y encarecieron los costos, lo que termina repercutiendo en el precio final. A esto se suma el contexto económico, donde el poder adquisitivo de los argentinos condiciona el consumo.
En ese escenario, el titular de CICCRA explicó por qué otras carnes ganan terreno frente a la vacuna. La clave está en los costos y tiempos de producción: mientras un pollo puede estar listo en poco más de 100 días y con bajo consumo de alimento, un bovino requiere más de un año y una inversión mucho mayor. Esto se traduce en precios más altos, lo que lleva a que muchos consumidores opten por pollo o cerdo como alternativas más accesibles.
Pese a la baja en el consumo histórico de carne vacuna —que hoy ronda los 47 kilos por habitante al año, lejos de décadas anteriores—, Schiaritti aclaró que no hay una caída en el consumo total de proteínas animales, sino un cambio en la composición de la dieta.
Sostuvo que el sector no ve con preocupación la aparición de nuevas opciones, ya que el mercado tiende a autorregularse. “El consumidor define con el bolsillo”, resumió.

