Carrasco trabaja como empleada doméstica y alquila desde hace veinticuatro años en la ciudad. En la casa donde vivía hacía quince años, los dueños le avisaron que no iban a alquilarla más y le dieron tiempo para buscar otro lugar.
Ese fue el momento en que pidió ayuda. Tras la lectura de su primera nota al aire la llamó un vecino, se reunieron y él se comprometió a darle una mano con el medio mes de alquiler y el depósito que se exigen al entrar. Cuando encontró la casa y volvió a buscarlo, no lo encontró más, relató.
Terminó juntando el dinero como pudo. Hace una semana que vive en la vivienda nueva y el depósito quedó pactado en dos cuotas, de modo que en noviembre le caen juntos el alquiler, los servicios y lo que resta de ese pago.
Su reclamo de fondo es anterior y apunta al organismo provincial de vivienda. Carrasco está inscripta desde hace veinte años y quedó en las listas de los dos sorteos del barrio San Martín sin resultar adjudicataria. Sostiene que hubo personas con menos antigüedad en el registro que sí accedieron.
En la última consulta, dice, la respuesta la desalentó. Le señalaron que sus hijos ya son grandes y que podía seguir esperando. De los tres que vivían con ella quedan dos: la mayor termina la secundaria este año y el menor acaba de cumplir dieciocho y empezó a repartir currículums.

