El titular de la empresa Conarpesa describió que los inspectores a bordo tienen un tarifario por el que cobran por «barco y por marea», aunque lo recaudado producto del soborno «va para la corona».
En tal sentido descartó que los propios controladores se lleven esa plata a su propio bolsillo porque «si fuera para ellos andarían en una Ferrari, pero ninguno tiene una así que recaudan para otra caja mayor».
Alvarez Castellano diferenció a los que están a bordo de los inspectores que controlan el desembarco en el muelle.
Sobre estos últimos dijo que «no son todos» pero describió a quienes actúan con la clara intención de presionar a unos y favorecer a otros, porque en su caso le buscan «el pelo al huevo» en lo referido, por ejemplo, al peso por cajón capturado.
Valoró los puertos patagónicos sobre el de Mar del Plata indicando que los primeros eran «todos blanquitos», pero advirtió sobre prácticas que pueden transformarse en un cáncer si no se trata a tiempo el tumor que está apareciendo.
El titular de Conarpesa cuestionó el manejo de las subáreas de pesca que las habilitan o las cierran sin ningún criterio, lo que interpreta que hacen para que concurran a «llorarle» a los funcionarios nacionales.
No se mostró muy confiado en que las cosas cambien, al menos mientras siga este gobierno al que ve con poca vida porque «en tres meses se van», vaticinó.

