Según explicó César Herrera, en la segunda semana de abril se registró un incremento cercano al 0,7% semanal, un dato que, si bien no implica una suba generalizada, confirma que la presión inflacionaria sigue presente.
El informe, que ya releva más de 2.000 productos en supermercados locales, muestra que entre el 80% y 85% de los precios se mantienen estables, mientras que un porcentaje menor registra aumentos y otros incluso presentan bajas. Esta dispersión refuerza la idea de que la inflación actual no se comporta de manera uniforme, sino que responde a dinámicas sectoriales dentro de la canasta básica.
En ese contexto, los aumentos más marcados se concentran en alimentos clave como yerba, harinas, arroz y manteca, productos con fuerte peso en el consumo cotidiano. En algunos casos, se detectaron subas abruptas que los especialistas describen como “sobrerreacciones de precios”, vinculadas tanto a factores externos como a decisiones comerciales dentro de las cadenas de producción y distribución. Uno de los elementos que explica estas variaciones es el impacto de variables internacionales, como el aumento en los costos de energía y fertilizantes, que terminan trasladándose a los precios locales. A esto se suma el efecto de los combustibles, que en la Patagonia registraron incrementos significativos y afectan directamente la estructura de costos de los alimentos.

