José Resk, integrante de la entidad, explicó que esta época coincide con el cierre de la temporada productiva y permite visibilizar una actividad que muchas veces pasa desapercibida, pero que forma parte de la cadena alimentaria y productiva de la provincia.
El productor señaló que la última temporada fue “dentro de todo buena”, con una producción cercana a los 27 mil kilos en la sala de extracción de APAVIRCH y alrededor de 60 mil kilos en toda la provincia.
Sin embargo, advirtió que la actividad depende fuertemente de la floración y del contexto hídrico. “Si no hay agua y no hay floración, la abeja no produce”, explicó, remarcando que la crisis hídrica también impacta sobre el sector apícola.
Uno de los puntos destacados por Resk fue la calidad de la miel del Valle Inferior del Río Chubut, diferenciada de otras regiones por su bajo nivel de humedad y su rápida cristalización. “La miel dura es miel pura”, resumió, al explicar que muchas veces la cristalización es una señal de que el producto no tiene agregados. Además, indicó que las mieles de la Patagonia poseen una densidad más alta y características particulares gracias al clima seco de la región. Finalmente, el referente apícola reconoció que en el Valle la actividad sigue siendo complementaria y que resulta muy difícil vivir exclusivamente de la apicultura debido a las dimensiones del territorio y a la corta duración de la temporada productiva.

