Martitsch señaló que la situación genera preocupación incluso entre quienes trabajan directamente con la actividad turística. Explicó que durante los avistajes los pasajeros consultan y se muestran conmovidos por lo que ocurre, mientras que los guías y prestadores tampoco disponen de información definitiva para responder a todas las preguntas.
En ese contexto, consideró fundamental evitar las especulaciones y respetar el trabajo de los especialistas que investigan las posibles causas de la mortalidad de los ejemplares.
“Hay mucha gente que está mezclando muchas cosas. Este tema tiene que ser tratado por la ciencia”, afirmó. También cuestionó la circulación de acusaciones y versiones no confirmadas a través de las redes sociales, donde, según planteó, muchas personas difunden conclusiones sin contar con conocimientos específicos sobre la materia.
La guía recordó que, desde su llegada a Puerto Madryn, mantuvo contacto con investigadores y profesionales vinculados a la biología marina, la universidad y el CONICET. Aunque inicialmente se había inscripto para estudiar Biología y luego no pudo completar la carrera, explicó que continuó vinculada al ámbito científico y procuró actualizar sus conocimientos mediante publicaciones especializadas.
Martitsch también puso el foco en las dificultades que enfrentan los investigadores para desarrollar su tarea, en un contexto de recursos limitados. Por ese motivo, pidió paciencia y respeto ante un proceso que requiere tiempo y rigurosidad.
“Los estudios llevan tiempo”, remarcó, al advertir que la investigación de este fenómeno es compleja y que no será posible arribar rápidamente a una conclusión definitiva.
Un problema que requiere trabajo interdisciplinario
Martitsch consideró que la situación demanda un abordaje desde distintos ámbitos y sostuvo que, además de investigar las causas de la mortalidad actual, será necesario trabajar para prevenir que el fenómeno vuelva a repetirse en las próximas temporadas.
Como hipótesis, mencionó la posibilidad de que algún agente presente en el agua, como una bacteria, pudiera estar involucrado, aunque aclaró que todavía no se conoce el origen del problema. En ese sentido, remarcó que cualquier explicación debe surgir de los estudios correspondientes y no de afirmaciones apresuradas.
Durante la conversación también se recordó el episodio de mortalidad de ballenas registrado en 2022, asociado a la marea roja. Martitsch explicó que este fenómeno se produce por la proliferación de determinadas algas que pueden generar toxinas. Estas sustancias pueden acumularse en organismos que se alimentan por filtración, como los moluscos, y también afectar a las ballenas a través de su alimentación.
En aquel episodio, las ballenas adultas resultaron afectadas, mientras que los ejemplares más jóvenes se encontraban en período de lactancia. Sin embargo, la guía no estableció una relación directa entre aquel antecedente y la situación actual.
Finalmente, Martitsch insistió en la importancia de comprender la dimensión del problema y evitar conclusiones anticipadas. La muerte de estos animales, que representan un patrimonio natural y uno de los principales atractivos turísticos de Chubut, genera preocupación tanto entre los habitantes como entre quienes desarrollan su actividad en contacto permanente con el mar.

