Molina marcó que el principal problema es que los establecimientos deben afrontar los pagos a las droguerías antes de cobrar esos fondos, lo que genera dificultades especialmente en las farmacias pequeñas y medianas. Si bien aclaró que por el momento no existe un desabastecimiento generalizado, advirtió que algunas ya presentan inconvenientes para mantener el stock de determinados medicamentos.
También señaló que el deterioro del sistema impacta directamente sobre los afiliados. A la demora en los pagos se suma una reducción en la cobertura de algunos medicamentos, lo que obliga a muchos pacientes a comprar solo parte de los tratamientos prescriptos o directamente resignar algunos fármacos por razones económicas, afectando especialmente a quienes padecen enfermedades crónicas.
Además, remarcó que el Observatorio de la Confederación Farmacéutica Argentina registró una caída cercana al 30% en la dispensa de medicamentos en los últimos dos años. Para el especialista, esta disminución refleja un menor acceso a los tratamientos y evidencia que el sistema sanitario atraviesa un deterioro progresivo que termina perjudicando tanto a las farmacias como, principalmente, a los pacientes.

