Según explicó, mientras la carne —que tiene la mayor ponderación en el índice general— registró subas de entre el 25 y el 30% en los primeros meses del año, en la canasta sin gluten el rubro con más peso es pan y cereales, donde se incluyen premezclas y harinas especiales considerablemente más costosas. En términos generales, la canasta sin TACC resulta entre un 20 y un 25% más cara que la común.
Herrera detalló que parte de la diferencia se explica por el uso de harinas alternativas, como las de almendra o algarroba, cuyos costos de producción son superiores a la harina de trigo tradicional. Sin embargo, señaló que existen casos donde la brecha de precios no siempre se justifica únicamente por los procesos productivos, sino también por condiciones de mercado vinculadas a la escasa oferta y la limitada variedad disponible en góndolas. Además, remarcó que la falta de opciones obliga a muchas familias a recorrer distintos comercios, encareciendo aún más el acceso a estos productos.
Desde el Observatorio destacaron que los aumentos mensuales de la canasta sin TACC no muestran grandes diferencias respecto del resto de los alimentos en términos porcentuales, pero parten de un piso más elevado. En ese contexto, recordaron que se encuentra disponible el sitio webdeprecios.unp.edu.ar, herramienta desarrollada por la universidad para comparar valores en supermercados de distintas ciudades patagónicas y facilitar la toma de decisiones de los consumidores.

