En diálogo con Radio Chubut, el investigador del CONICET señaló que el agua es el principal factor limitante para los insectos patagónicos y que, ante veranos más húmedos, se generan picos poblacionales más intensos. “Cuando hay humedad, la biodiversidad de insectos y arácnidos explota. No es algo malo: cumplen funciones clave en el ecosistema”, afirmó.
Cheli remarcó que la presencia de libélulas, mosquitos y otros insectos responde a ciclos naturales y advirtió sobre el uso indiscriminado de fumigaciones. “La fumigación sin planificación no sirve y además daña al ambiente, al suelo, a las plantas y a las personas. Mata también a insectos beneficiosos que controlan plagas de forma natural”, explicó.
En ese sentido, recomendó medidas preventivas como mantener patios limpios, evitar recipientes con agua estancada y eliminar posibles criaderos. “Ordenar el entorno es mucho más efectivo y amigable con el ambiente que usar químicos”, sostuvo.
Respecto a los mosquitos, el especialista aclaró que los que se observan actualmente en Chubut no son transmisores de dengue. Sin embargo, confirmó que la provincia forma parte desde hace dos años del sistema nacional de monitoreo del mosquito Aedes aegypti, debido a su avance hacia el sur impulsado por el cambio climático y el movimiento constante de personas y vehículos.
“El mosquito del dengue ya llegó a Neuquén y Río Negro. Todavía no está en Chubut, pero las condiciones climáticas están cambiando y hay que estar atentos”, advirtió Cheli, al tiempo que insistió en la importancia de la prevención comunitaria.
Finalmente, destacó el valor de la ciencia y el estudio de los insectos para comprender los cambios ambientales que atraviesa la región. “Si estos organismos desaparecen, algo en el ecosistema se rompe. Por eso es clave conocerlos y cuidarlos”, concluyó.

