Quiroga recordó que sus padres vivieron toda su vida en el campo y que, durante las vacaciones escolares, ella aprovechaba para acompañarlos y colaborar con las distintas tareas rurales. Entre ellas, mencionó el cuidado de las chivas, la esquila, la revisión de los animales y los trabajos de alambrado.
En ese sentido, explicó que la crianza en ese ambiente le permitió aprender labores que tradicionalmente eran consideradas propias de los hombres.
La referente también remarcó que el trabajo de las mujeres rurales no recibe el reconocimiento que merece. Sostuvo que las tareas que realizan en el campo implican esfuerzo, dedicación y conocimientos, aunque muchas veces permanecen invisibilizadas frente a una concepción tradicional que reserva determinadas actividades para los varones.
Quiroga también hizo hincapié en las condiciones de vida de quienes permanecen en los establecimientos rurales, donde las distancias, el aislamiento y la soledad representan desafíos cotidianos. A estas dificultades se suman las condiciones climáticas, el estado de los caminos, el acceso al agua y los costos de producción y comercialización.
Aunque actualmente se desempeña principalmente en tareas administrativas y ya no cumple las mismas funciones que antes dentro de la asociación, Quiroga mantiene su compromiso con el sector. Su vínculo con la actividad está atravesado por la historia de sus padres y por el legado que busca preservar.

