Biondo recordó que este tipo de enfermedades, propias de la zona cordillerana, ocurren todos los años y no hay motivos de alarma porque siguen un patrón acotado.
Reconoció sin embargo que la preocupación es fundada toda vez que se trata de un virus de alta letalidad que oscila entre un 30 a 35%, es decir que 1 de cada 3 pacientes no sobreviven porque comienzan en un proceso de deterioro irreversible.
El especialista valoró la pericia que logró esa unidad de atención tras el brote del 2018 al que se sumó equipamiento de laboratorio que permite una respuesta rápida para el diagnóstico.

