Según explicó, desde 2019 el INTA trabaja en distintos ensayos con resultados positivos, tomando como referencia experiencias desarrolladas en el norte de la Patagonia y en países como Nueva Zelanda.
Ceballos explicó que la remolacha forrajera es un cultivo destinado exclusivamente a la alimentación animal y se caracteriza por su alto contenido energético. “Es como tener un grano de maíz en el suelo”, ejemplificó. A diferencia de la alfalfa, cuyo principal aporte es la proteína, la remolacha aporta altos niveles de azúcares e hidratos de carbono, lo que la convierte en una opción ideal para etapas de terminación del ganado y períodos de escasez de forraje.
Entre las ventajas que presenta este cultivo, el técnico del INTA destacó que puede desarrollarse en suelos salinos y ambientes marginales, donde otros cultivos como el maíz encuentran más limitaciones. Además, indicó que con una correcta planificación se pueden alcanzar rindes cercanos a las 30 toneladas por hectárea. “El potencial que tiene el valle bajo riego es muy grande”, afirmó, al remarcar que el cultivo también permite el pastoreo directo durante otoño e invierno.
En cuanto a los costos, Ceballos señaló que el desarrollo de una hectárea de remolacha forrajera ronda actualmente los 1.500 dólares, aunque aclaró que el análisis debe hacerse en relación a la cantidad de materia seca producida y no solamente al costo inicial. También explicó que se trata de un cultivo anual, similar al maíz, que requiere volver a sembrarse cada temporada.
Finalmente, el especialista invitó a participar de la Jornada de Remolacha Forrajera que se realizará el próximo 19 de mayo en Gaiman, organizada por el Clúster Ganadero.

