La doctora en Antropología Julieta Gómez Otero, investigadora del CEMPAT y especialista en arqueología patagónica, explicó en diálogo con Radio Chubut que el descubrimiento corresponde a dos entierros humanos intencionales realizados en distintos momentos, separados por aproximadamente 400 años.
“Pudimos determinar con precisión que eran dos pozos de entierro diferenciados. Uno correspondía a un niño de entre 12 y 15 años, el más antiguo, y el otro a un niño de entre 8 y 9 años. Ambos fueron enterrados de manera intencional”, detalló.
Según la investigadora, uno de los restos estaba acompañado por pigmento rojo y cuentas confeccionadas en hueso, elementos que evidencian prácticas rituales funerarias ya presentes en esas comunidades ancestrales.
Manifestó que actualmente existen tres grandes hipótesis sobre cómo llegaron los primeros grupos humanos a América: una migración terrestre a través del antiguo puente de Bering, otra siguiendo la costa del Pacífico y una tercera bordeando la costa atlántica.
“El problema es que gran parte de esa antigua costa atlántica hoy está bajo el agua. Hace miles de años el nivel del mar era mucho más bajo y había alrededor de 170 kilómetros más de territorio costero. Si hubo asentamientos humanos allí, hoy están sumergidos”, explicó Gómez Otero.
En ese contexto, el hallazgo de Camarones adquiere un valor excepcional, ya que se convierte en una evidencia concreta de ocupación humana temprana sobre el Atlántico patagónico.

