
Si bien el término estaba sujeto a la revisión técnica, es ostensible la disminución de la intensidad el fuego, aunque algunos focos se mantenían activos.
La lluvia fue, incluso, mucho más copiosa de lo que se preveía, con pisos de 14,7 milímetros y picos de 33 milímetros que menguaron el poder de las llamas.
En igual medida fue favorable la caída de nieve que aplacaron los focos en la parte ya quemada.
Las condiciones meteorológicas se mantenían favorables para el ataque final, caracterizada por la presencia de humedad en el ambiente y las buenas condiciones para el ataque con medios aéreos.

