Así lo explicó, en diálogo con Radio Chubut, la titular de MIZ y Asociados, María Isabel Zárate, quien puso particularmente el acento en el caladero de langostino que lo tenemos frente a nuestras costas, cuya captura controlada con estándares de calidad le darán valor al producto final con un sello que asegure que el producto viene de un ámbito donde se salvaguarda el recurso.
Zárate recordó que ese «sello de calidad» pondrá al langostino patagónico por encima de un competidor del mercado internacional que es el llamado «vannamei», que en rigor es un camarón que se cría en cautiverio y se obtiene a un valor mucho más bajo, aunque la calidad es totalmente distinta.
La especialista aseguró que la trazabilidad del producto es posible incluso con ayuda de la tecnología, a punto tal que hoy existen hasta redes con luces y sensores con barreras que marcan lo que se captura y lo que no debe entrar a la red para evitar la pesca incidental.
En el mismo sentido habló Ernesto Godelman, de CEDEPESCA, quien se refirió a la importancia de contar con esta membresía que en realidad corona un trabajo que se viene realizando desde hace 26 años y, como todo proceso, lleva mucho tiempo hasta que todos los actores se adapten.
«Hay 28 indicadores que se tienen en cuenta» explicó Godelman, para obtener el «sello azul» que garantiza que el producto tiene origen en un ámbito sustentable.
Entre los aspectos que se tienen en cuenta figura desde el contexto medio ambiental en el que se practican las capturas hasta la limpieza de los fondos marinos.

