Esteban Parra, titular del IPA, explicó que la provincia venía de entre 25 y 30 meses de sequía y que el otoño siguió seco, lo que motivó el avance sobre la emergencia hídrica. La recuperación se dio recién entre julio y septiembre, con nevadas superiores a las del año pasado, y se completó con las precipitaciones que empezaron alrededor del 10 de octubre.
Según Parra, el sistema venía consumiendo 320 hectómetros por período de riego contra los 500 de un año normal, una reducción cercana al 25% que atribuyó al trabajo de los productores en el manejo de compuertas y drenajes. También volvió a generarse energía: las turbinas estuvieron paradas desde fines de abril hasta mediados de septiembre porque necesitan un caudal mínimo de 20 metros cúbicos por segundo y se estaba erogando apenas el caudal ecológico de 10.
El pronóstico para el trimestre anticipa precipitaciones por encima de lo normal en una franja de unos 150 kilómetros desde el mar hacia el interior, del norte al sur de la provincia. Parra aclaró que el material que arrastran las lluvias hacia la cola del embalse no genera inconvenientes; el problema aparece cuando llueve aguas abajo de Ameghino, porque ahí la turbidez impacta en las plantas potabilizadoras.

