En el marco de la sección “Sale de Acá”, Nelson Hughes, apicultor con 26 años de experiencia y técnico del INTA, repasó cómo funciona la actividad.
Con la llegada de la primavera, el aumento de las temperaturas y las lluvias comienzan a activar las colmenas. La reina retoma la postura de huevos y aumenta progresivamente la población de abejas, mientras la floración aporta néctar y polen.
Hughes explicó que este año las colmenas atravesaron un buen invierno y que una pérdida cercana al 10% se considera dentro de parámetros normales. En el Valle, una colmena produce en promedio entre 20 y 25 kilos de miel por temporada, frente a los 30 o 40 kilos que pueden obtenerse en otras zonas productivas del país.
La apicultura chubutense tiene además una particularidad: para alcanzar una escala importante los productores deben distribuir las colmenas en distintos apiarios, lo que incrementa la logística y el costo de combustible.
Por eso, aunque existen productores que viven exclusivamente de la actividad, para la mayoría representa una fuente complementaria de ingresos. Hughes estimó que iniciar una colmena requiere actualmente unos 200.000 pesos, mientras que una reina seleccionada puede costar entre 18.000 y 20.000 pesos.
La actividad, además, viene incorporando nuevos productores, especialmente desde la pandemia, impulsada por el interés en los alimentos naturales y la producción a pequeña escala.
El principal problema actual aparece en la comercialización. La miel no es un producto de primera necesidad y, en un contexto de menor poder adquisitivo, compite con alternativas más económicas como el azúcar o el dulce de leche. A eso se suma una mayor presencia de miel proveniente de otras regiones del país en el mercado interno, debido a las dificultades que atraviesa el mercado internacional.
En las góndolas, según Hughes, actualmente pueden encontrarse valores que van aproximadamente de 8.000 a 15.000 pesos por kilo. Argentina es históricamente uno de los principales productores y exportadores mundiales, pero el consumo interno continúa siendo bajo: el apicultor mencionó un promedio de unos 200 gramos por habitante al año, frente a alrededor de dos kilos en otros países. Otro desafío es diferenciar la miel auténtica de los productos que utilizan la denominación de manera confusa. Hughes explicó que la miel recién cosechada es naturalmente líquida y que con el tiempo puede cristalizar, por lo que la consistencia no determina por sí misma su calidad. Recomendó prestar atención a las etiquetas, especialmente a aquellos productos identificados como “a base de miel”, que pueden contener una proporción reducida del producto.

