Reclamó una mesa con dirigentes, cámaras y gremios donde cada sector ceda algo. El empresario planteó que ven con buenos ojos atraer inversiones nuevas a la zona franca o al parque industrial, pero que hay un recurso disponible que ya está en el mar y nadie discute.
No se trata de crear una industria desde cero, remarcó. Según explicó, ya están las plantas, los trabajadores, la flota, el conocimiento y el recurso, y lo que falta es armar una ecuación que vuelva rentable la especie.
Su propuesta reparte obligaciones. El Estado debería aportar herramientas y previsibilidad, las empresas inversión en líneas de fileteado y asumir riesgo, y los gremios discutir productividad y formas de trabajo. Para él, una mesa donde cada parte va a buscar su porción no funciona.
El diagnóstico que hace de su propio sector es autocrítico. Cereseto sostuvo que los empresarios otorgaron aumentos equitativos para todas las especies mientras la rentabilidad estaba concentrada en el langostino, y que eso dejó fuera de juego a la merluza y antes a la anchoíta. Sobre los gremios fue cuidadoso. Dijo que no busca confrontar ni tocar lo ya firmado, y propuso que el personal nuevo ingrese con convenios adaptados a la rentabilidad de esta especie. Al Estado le pidió revisar la presión fiscal sobre una especie que hoy no se captura.

