Berta Thachek confirmó con su propia hija Salomé, con cuyo nombre se bautizó la ley, la eficacia de esa salida terapéutica alternativa para disminuir las convulsiones que ponían a la niña al borde de la muerte.
Pero por lo que escuchó de la reglamentación, se incluyó un costado comercial y productivo que nada tiene que ver con el fin que originalmente la hizo pedir la autorización.
Por el aceite de cannabis su hija mejoró, ya no tiene convulsiones y tuvo un claro adelanto, por ejemplo, en la mejora del habla.
Pero tal como quedó la ley reglamentada «no quiero que se llame Salomé», pidió a través de Radio Chubut.

