El investigador Martín Fennen resaltó el enorme esfuerzo que significó esa empresa, con todas las condiciones adversas, desde la falta de equipamiento propio de la época, la temporada de mayor frío y la rigurosidad de la estepa por donde se extendió la traza entre Puerto Madryn y lo que hoy conocemos como la Laguna Chiquichano.
El vapor Vesta llegó el 28 de julio de 1886, es decir, 25 años después del velero Mimosa, que trajo a los primeros galeses a nuestra zona.
La diferencia entre una embarcación y otra es que había transcurrido la transición en la navegación de la vela al vapor.
Por eso es que el nombre «Velero Vesta», con el que se bautizó a una calle de Trelew, es claramente incorrecto, aunque «serviría para revalorizar la transición entre ambos modos de impulsión», dijo Fennen, contemplativo.

