El dirigente hizo referencia al reciente dato estadístico respecto a que, en lo que va del año, 391 negocios cerraron sus puertas.
Sin embargo, como contrapartida, Aguirre reveló que se solicitaron altas por 417 locales, es decir que son más los que quieren abrir de los que cerraron, aunque con una calidad que va en decadencia.
«Estamos en una primavera decadente» explicó el titular de la cámara que lo adjudicó a la caída de las ventas y a que muchos vecinos que están desocupados de otra actividad queman sus ahorros en una salida laboral por el lado del comercio.
Para reflejar el problema, Aguirre reconoció que nunca se vio como se está observando, la venta de comida callejera ofrecida en las esquinas donde hay semáforos, actividad que se explica en la necesidad de una franja de la población para obtener un sustento a través de la informalidad.
También influye en la situación el costo de los alquileres, los servicios y la contratación de personal que hacen casi imposible que el comercio tenga rentabilidad.

