La matanza se produjo en la estancia «San José», en una zona próxima a la localidad de Río Mayo, población de la que se estima provenían los perros.
Nelson Mazquiarán, encargado del establecimiento familiar, confirmó la mortandad de la hacienda que era parte de un lote preparado para futuros carneros reproductores.
Mazquiarán consideró que la presencia de perros cimarrones matando por la zona es un verdadero flagelo que obligó al cierre de varios campos.
Pidió que se tome conciencia del daño que se produce y que se tomen medidas para evitarlos.

