Hasta ahora, para pedir ayuda ante un accidente o una urgencia, debían esperar que algún vehículo pasara por la ruta camino a Telsen o Gastre.
Marta vive junto a su padre Máximo, de 94 años, en medio de la meseta chubutense. Allí reciben viajeros, calientan agua para el mate y asisten a quienes pasan por el lugar. “Somos nosotros dos solos acá”, explicó, al destacar que la llegada de la conectividad representa una mejora clave para la vida cotidiana y la seguridad en una zona donde las distancias y el aislamiento son permanentes.
La mujer también agradeció al gobernador por haber cumplido la promesa de llevar una antena al paraje. Explicó que ahora esperan baterías para poder utilizar el servicio con energía solar. “Mi hijo me prestó una antena porque no podíamos seguir sin comunicación”, contó. Además, remarcó que la falta de señal complicaba incluso el contacto con sus hijos y nietos que viven en Puerto Madryn y en Entre Ríos.
También relató la dureza de la vida rural en la Patagonia y aseguró que junto a su padre siguen “haciendo patria” en el campo.

