Coscarella explicó que existe un pasillo imaginario que se traza en el interior del golfo que va desde la desembocadura a los muelles, evitando la zona de mayor presencia de ballenas.
«Prefectura obliga a las embarcaciones al estricto cumplimiento de ese corredor» explicó el especialista, quien recordó que la maniobra de aproximación de los barcos siempre debe hacerse a menos de 10 nudos de velocidad.
El biólogo reconoció que lo ideal es que ambas dinámicas no se crucen, es decir que las ballenas y las embarcaciones no estén al mismo tiempo, aunque no hay estudios que demuestren que esa interacción provoque inconvenientes en los ejemplares ni lo contrario, por lo que todo se rige por las reglas del sentido común.
Sin embargo aclaró que son eventos extraordinarios, que se producen cada tanto para que los barcos se cubran del temporal hasta que este amaine y que, además, tiene que ser atendido porque antes que nada está la seguridad de las tripulaciones.
En este contexto, consideró que todas las actividades están obligadas a convivir y lo pueden hacer si se realizan con reglas que todos respeten porque Puerto Madryn depende de la pesca, de Aluar y también de las ballenas que son el principal atractivo turístico.

