El jefe comunal, Marcelo Aranda, aspira a que con esta nueva sede se pueda dar respuesta rápida a un flagelo social en crecimiento como es la violencia de género, con casos que van acompañados por el consumo de alcohol, entre otras cosas.
Para Aranda, no hay ninguna duda que esta violencia está potenciada por la falta de oportunidades laborales ya que solo existen unos pocos empleos públicos, en tanto la ganadería que fue el gran sustento económico de la zona va en retroceso por el crecimiento de la población de pumas que fuerzan el cierre paulatino de las estancias que se transforman en taperas.

