La situación llevó a su familia a tomar una decisión drástica: abandonar la producción ovina y vender el plantel que aún conservan.
Brunt explicó que su padre, de 70 años, dedicó toda su vida a la ganadería y llegó a contar con unas 200 ovejas, aunque hoy apenas quedan poco más de 70. «Nos cuesta años mejorar la genética, producir y hacer crecer el plantel, pero en una sola noche los perros terminan con todo», lamentó. El productor sostuvo que las pérdidas económicas y el desgaste hacen imposible continuar con la actividad.
El vecino apuntó además a la falta de control sobre los perros sueltos en la localidad y aseguró que el problema afecta a productores de Trelew, Gaiman, Dolavon y 28 de Julio, entre otros puntos del Valle. Según indicó, existen numerosos animales sin control, sin castración y que durante la noche deambulan por las chacras atacando al ganado. «No es culpa del perro, sino de la falta de responsabilidad de los dueños y de la ausencia de políticas de control», afirmó.
Brunt reclamó una mayor intervención de los municipios y de la Provincia para evitar que más productores abandonen la actividad. «Cuando el campo deja de producir también se resienten los pueblos», advirtió, al tiempo que señaló que hoy las pérdidas deben ser afrontadas exclusivamente por quienes trabajan en el sector, sin asistencia ni soluciones concretas.

