Sandoval explicó que para evitar la enfermedad parasitaria lo mejor es asegurarse que el chacinado a consumir cuente con el rótulo de SENASA, lo que indica que ese producto alimentario fue controlado debidamente.
Lo mismo ocurre con las carnicerías habilitadas, que tienen producción propia de chorizos frescos, que se supone han hecho los análisis de laboratorio para asegurarse que la carne utilizada para la preparación está libre de «trichinella spiralis» o que esté lo suficientemente cocido a la hora de consumir como para asegurar que al parásito lo mató el calor.
Respecto a los carros parrilleros ubicados en la vía pública que ofrecen chorizos de dudoso origen, Sandoval consideró que si están vendiendo a la vista de todos es porque están autorizados por la municipalidad que tiene su propio equipo de inspectores en el área de bromatología habilitados para esa tarea de inspección.

