Así lo reconoció el director del centro de reclusión de menores en conflicto con la ley, Ernesto Curillán.
El funcionario reconoció que debió debutar en el cargo con un motín, ya que asumió recién el lunes pasado y a los 2 días tenía una revuelta, liderada por los menores que se enojaron con el guiso que se les sirvió, aunque al parecer el tema venía de antes.
Curillán defendió a capa y espada el menú consistente en pizza, empanadas, bife a la criolla, guisos y estofados.
Pero además reconoció que existe una nutricionista que se entrevista con los internos, alojados allí por delitos graves, para saber qué les gusta y así sacar algún componente que forme parte del plato y no sea del agrado de los comensales, porque «a algunos no les gusta la cebolla o a otros la zanahoria» puso como ejemplo.
Producto de la revuelta, el salón de usos múltiples quedó destruído.

