“La situación está mucho más tranquila. Pudimos empezar a recuperar la rutina de una vida normal que fue alterada hace más de dos meses”, señaló.
La lluvia comenzó cerca de las 10 de la mañana del martes y, pasado el mediodía, se transformó en una precipitación torrencial “muy esperada por todos”. Por la tarde, las cumbres comenzaron a verse nevadas, y este miércoles las temperaturas se mantenían bajas, en torno a los 5 y 6 grados.
Según explicó San Martín, el fuego venía reactivándose por efecto del viento y las altas temperaturas, incluso después de descensos térmicos temporales que habían generado un alivio momentáneo. Sin embargo, esta vez la precipitación fue más contundente.
“Me animo a decir que ya no quedan focos grandes. El fuego estaba en zonas de alta montaña y ayer ya se lo empezó a ver muy disminuido”, afirmó.
En los últimos días muchas brigadas y voluntarios de otras provincias comenzaron a retirarse, quedando principalmente equipos locales que conocen el terreno. La nieve cubrió las zonas altas, aunque en el casco urbano solo se registró lluvia.
Más allá del alivio inmediato, San Martín advirtió que ahora comienza una etapa compleja de reconstrucción. “El fuego es el comienzo de una catástrofe que nos va a marcar para toda la vida”, expresó.
El impacto alcanza especialmente a pequeños productores ganaderos, cuya actividad quedó gravemente afectada. Los ciclos productivos fueron alterados, con animales que debieron bajar antes de tiempo de la cordillera por falta de pasturas. “Esto repercute no solo este año, sino en los próximos cuatro años”, explicó.
No obstante, destacó la fortaleza del entramado comunitario. “Lo que nos sostuvo fue el sentido de comunidad. La ayuda vino de todos lados, con equipamiento, fondos y forraje para los damnificados”, subrayó.

