Camila fue diagnosticada al nacer y atravesó sus primeros años con complicaciones respiratorias y reiteradas internaciones. “Fue una experiencia larga y cansadora, pero por suerte no tuvo grandes complicaciones más allá del síndrome”, recordó Karina, quien destacó que desde muy pequeña su hija accedió a múltiples terapias como fonoaudiología, psicopedagogía, terapia ocupacional y equinoterapia.
Según relató, la estimulación constante fue clave para que Camila logre hoy un alto nivel de autonomía dentro del hogar. “Se maneja muy bien, sabe identificar peligros, puede quedarse sola un rato en casa y realizar tareas simples como prepararse la comida”, explicó.
Karina también se refirió a las dificultades que persisten fuera del ámbito familiar, especialmente en la convivencia social y el trato cotidiano. En ese sentido, advirtió sobre la infantilización que aún sufren muchas personas con síndrome de Down. “Son adultos, pero muchas veces no se los trata como tales”, señaló, y remarcó la necesidad de campañas de concientización para mejorar la comunicación y el vínculo con la comunidad.
En materia educativa, contó que Camila transitó la escuela común y luego la escuela especial, en un proceso que requirió un fuerte acompañamiento familiar. Además, expresó su preocupación por las decisiones institucionales que no siempre contemplan la diversidad dentro de la discapacidad, como la implementación de jornadas escolares extensas sin evaluar el impacto emocional en los estudiantes.
Finalmente, Karina se refirió a la incertidumbre que atraviesan muchas familias por la situación de las pensiones por discapacidad. “Hace años que no salen nuevas pensiones y en algunos casos se han dado de baja sin tener en cuenta la realidad de cada familia”, lamentó.
“Empecé a disfrutar de Camila cuando acepté la discapacidad. Antes lo sufría todo el tiempo. Hoy disfruto cada pequeño logro”, concluyó, dejando un mensaje de acompañamiento y aliento a otras familias que atraviesan situaciones similares.

