La iniciativa, que comenzó el año pasado con un pequeño grupo, hoy reúne a más de 200 familias que participan activamente de los encuentros, que se realizan los fines de semana. La mecánica es simple: cada persona lleva lo que tiene y lo intercambia por lo que necesita, con una fuerte presencia de alimentos y artículos de limpieza.
Según explicó Blanca Riquelme desde la organización, la falta de trabajo es el principal factor detrás de este fenómeno, que atraviesa a distintos sectores de la ciudad. “Hoy muchas familias no tienen ingresos y necesitan resolver lo básico”, señaló, al tiempo que destacó que también asisten a quienes no tienen nada para ofrecer.
El sistema funciona de manera autogestiva y sin intervención externa, bajo la lógica de “dar para recibir”, y con un fuerte componente solidario. Incluso, se preparan productos artesanales que se entregan como parte del intercambio o como ayuda a quienes más lo necesitan.
Además del intercambio, el espacio cumple un rol social clave: permite cubrir necesidades urgentes como alimentos, ropa o pañales, en un contexto donde los precios siguen en alza. En ese marco, también impulsan iniciativas como un ropero comunitario para asistir a más familias en la ciudad.

