En diálogo con Radio Chubut, Gorosito, propietario de Finca Caballo Blanco, explicó que en el país cambiaron los hábitos de consumo: la gente busca opciones más saludables y ganaron lugar el gin y la cerveza. Eso achicó hectáreas y dejó stock. En Chubut, tras 15 o 20 años de pruebas, la provincia empieza a consolidarse como vitivinícola.
Según explicó, la identidad la da un clima extremo que modela la fruta de otra manera, con terroirs distintos dentro de la provincia; Trevelin, por ejemplo, ya tiene su indicación geográfica. Y los resultados acompañan: un productor de Gaiman obtuvo hace poco una medalla de oro.
Sobre la rentabilidad, advirtió que producir no es barato por la mano de obra, los insumos y las botellas, y que depende del modelo de cada uno. “Es una reinversión constante”, dijo, y hay que acompañarla con algo más, como el enoturismo o la llegada a hoteles y restaurantes.
Su propia historia empezó en 2017, cuando decidió poner un viñedo sin saber nada del tema. Lo pensó como un proyecto familiar: su vino, su aceite de oliva y su huerta para ofrecer una experiencia gastronómica patagónica.
Para sostener el crecimiento, en Puerto Madryn ya se dicta una tecnicatura en enología vinculada a la Universidad Juan Agustín Maza, de Mendoza. Gorocsito sostuvo que hay tierra, agua y emprendedores, y que no hace falta gran escala, destacando el gran potencial para la industria en Chubut.

