Binda, quien trabaja en el noroeste de Chubut, especialmente en la zona de Cushamen, señaló que la principal recomendación es detectar los primeros nacimientos de tucura, cuando los insectos todavía son pequeños y resulta más sencillo controlarlos.
En ese sentido, destacó la importancia del trabajo conjunto con los productores y pobladores rurales, quienes recorren habitualmente los campos y pueden identificar los sectores donde se produjo la postura de huevos durante el ciclo anterior. Marcar esos lugares permite realizar un seguimiento y detectar a tiempo la aparición de nuevos ejemplares.
Consultado sobre la cantidad de insectos necesaria para considerar que existe una situación que requiere intervención, el ingeniero agrónomo precisó que a partir de los 10 ejemplares por metro cuadrado se comienza a evaluar el control.
Durante los monitoreos del año pasado, los registros fueron variables: se detectaron sectores con 20, 30, 70 y más de 100 tucuras por metro cuadrado. Sin embargo, aclaró que la estrategia depende también del estado de desarrollo del insecto y de las condiciones en las que se encuentra.
El profesional reconoció que el control temprano presenta dificultades prácticas, especialmente por las grandes distancias y la ubicación de algunos focos, que pueden encontrarse en sectores elevados o de difícil acceso. En esos casos, el seguimiento en terreno y la intervención oportuna resultan determinantes.
Finalmente, indicó que los primeros nacimientos suelen registrarse entre fines de julio y principios de agosto, mientras que la presencia de ejemplares puede extenderse hasta febrero e incluso parte de marzo. También advirtió que pueden convivir tucuras adultas con nuevos nacimientos, por lo que el monitoreo debe sostenerse durante buena parte de la temporada.

