Son 12 productores que desarrollan una actividad que comienza mucho antes de la cosecha y que tiene como destino mercados tan exigentes como Estados Unidos, España y Francia.
La producción de cerezas tiene una particularidad: cuando llega la primavera, el frío puede convertirse en una amenaza concreta para la fruta. Este año, los productores llegaron a registrar heladas de hasta 11 grados bajo cero, por lo que deben poner en funcionamiento sistemas de aspersión que mantienen protegidas las plantas durante toda la noche.
En una helada reciente, los equipos funcionaron desde las 21 hasta las 13 del día siguiente, utilizando unos 50.000 litros de agua por hectárea por hora.
Según contó el productor, detrás de cada cereza que llega al consumidor hay también un enorme proceso de selección y logística. La fruta destinada a exportación debe salir sin marcas ni defectos y atraviesa distintos controles antes de llegar a destino. La cooperativa produjo el año pasado alrededor de 1,6 millones de kilos y exportó más de un millón, en un negocio donde un rechazo en destino puede significar una pérdida importante para el productor.
La cereza de Gaiman compite en un mercado internacional dominado por grandes volúmenes de producción chilena, que llegó a unas 85 mil hectáreas plantadas. Frente a esa escala, los productores chubutenses buscan diferenciarse por calidad, flexibilidad y vínculos comerciales construidos durante décadas. En los últimos dos años los productores registraron pérdidas por la baja de los precios.

