Según explicó Sebastián Mohr, se trata de una inflamación de los bronquiolos —las ramificaciones más pequeñas del árbol respiratorio— causada mayoritariamente por virus similares al del resfrío. Debido a que el sistema respiratorio de los lactantes todavía se encuentra en proceso de maduración, la enfermedad afecta principalmente a niños menores de dos años, registrándose el pico de vulnerabilidad alrededor de los seis meses de vida.
Respecto a la detección temprana, Mohr detalló que el cuadro suele manifestarse con tos, fiebre, malestar general y dificultad para respirar, lo que lleva a los bebés a respirar por la boca debido a la obstrucción nasal.
Un aspecto fundamental en el que profundizó el especialista es el análisis de la coloración del moco como indicador de la evolución clínica: mientras que el aspecto transparente o blanquecino responde a un estado normal o alérgico, el viraje hacia el amarillo o verde delata la respuesta de las células de defensa ante la infección. Asimismo, alertó que la presencia de tonalidades rojizas es una señal de alarma que requiere consulta médica inmediata.
Finalmente, el integrante de Coordinación de Salud remarcó que, al ser un cuadro de origen virósico, no se cura con antibióticos y el tratamiento se centra en aliviar el malestar cotidiano y asegurar una buena hidratación. En este sentido, destacó el rol de la Kinesioterapia Respiratoria (KTR) para ayudar a los pequeños a desprender y expulsar las secreciones, anunciando que se realizarán talleres en distintos centros vecinales para enseñar estas maniobras básicas a los padres.
Para prevenir complicaciones en el hogar, el profesional recomendó mantener los ambientes correctamente ventilados, evitar los excesos de calefacción que resecan las mucosas y limpiar con agua y lavandina cualquier rastro de hongo o humedad en las paredes, ya que desprenden partículas imperceptibles que pueden agravar significativamente el cuadro respiratorio de los menores.

