El empresario describió un escenario atravesado por el desempleo en el sector petrolero y su impacto en toda la economía de la ciudad.
Si bien aclaró que no se trata de una crisis idéntica, el referente inmobiliario sostuvo que existen similitudes en el desánimo social, la frustración y la tensión en la calle, elementos que marcaron aquel período crítico en Argentina. La principal diferencia, explicó, es que hoy todavía hay dinero en el sistema —producto de indemnizaciones o acuerdos laborales— lo que permite que muchas familias sigan cumpliendo con sus obligaciones.
En ese contexto, el mercado de alquileres muestra una particularidad: pese a la crisis, no se registra un aumento significativo de la morosidad. Según Loza, los incumplimientos son bajos —por debajo del 1% en algunos casos— ya que quienes perdieron su empleo priorizan el pago del alquiler, aunque eso implique un fuerte ajuste en el consumo y en la vida cotidiana.
Otro dato relevante es la caída en los precios. De acuerdo con el análisis del sector, los alquileres bajaron en Comodoro Rivadavia, con descensos que pueden alcanzar entre un 25% y un 40% según la zona. Esta retracción está directamente vinculada a la menor demanda y a la necesidad de los propietarios de sostener la ocupación de los inmuebles en un contexto económico adverso.
Aun así, el panorama sigue siendo delicado. Desde el sector advierten que, si bien hoy la situación es contenida por acuerdos y una lógica más humanitaria entre inquilinos y propietarios, el escenario podría complejizarse si la crisis laboral se profundiza.

