En Trelew, la producción artesanal sigue consolidándose, con emprendimientos que apuestan a la calidad y a la identidad regional. Martín Pauluka de Punta Ninfas afirmó que, aunque de escala pequeña, avanzan con tecnificación y buscan posicionar al vino local como una alternativa diferencial dentro de la Patagonia.
Actualmente, la producción ronda volúmenes acotados —cerca de 1.500 botellas anuales en algunos casos—, lo que refleja tanto el carácter artesanal como las limitaciones para escalar en un contexto económico complejo. Los costos, la comercialización y el bajo consumo interno aparecen como los principales desafíos para el sector.
En ese escenario, el turismo se convierte en una pieza clave para sostener y proyectar la actividad, con visitas guiadas, degustaciones y experiencias en viñedos que atraen a visitantes interesados en productos regionales. Esta estrategia permite generar valor agregado y acercar el vino local a nuevos consumidores.
A pesar de las dificultades, los productores coinciden en el potencial de Chubut como nueva región vitivinícola, impulsada por cambios climáticos, aprendizaje técnico y una creciente apuesta por la diversificación productiva. La combinación de suelo, clima y trabajo especializado empieza a dar resultados que posicionan al valle como una zona emergente en la industria del vino.

