Según precisó un alto porcentaje de argentinos planea seguir trabajando después de la jubilación en su amplia mayoría en el marco de la informalidad. “Muchos deberían estar en su casa tranquilos, pero no les alcanzan los haberes”, señaló.
Aunque algunos optan por inscribirse como monotributistas, la mayoría prefiere evitar el blanqueo porque perdería aportes previsionales, y además es inviable que una empresa formalice a un trabajador ya jubilado.
Kriger explicó que, si bien los aportes pueden realizarse y se integran a la caja previsional, no representan un beneficio concreto para el jubilado que vuelve a trabajar. En la práctica, sostuvo, el blanqueo casi no existe. También recordó que llegada la edad jubilatoria, tanto la empresa como el empleado pueden intimar para obtener las certificaciones necesarias para iniciar el trámite.
El abogado vinculó este escenario con las reformas impulsadas en el marco de la Ley Bases, que —advirtió— precarizan el sistema previsional y fomentan el empleo no registrado. “Si no hay registración, no hay aportes, y eso afecta las jubilaciones futuras”, afirmó.
“Estamos en un retroceso de derechos laborales”, concluyó.

