El poderoso empresario consideró que eso fue posible porque las partes se pusieron de acuerdo desde un principio y cada uno cumplió con su compromiso, entendiendo que el conflicto permanente no le conviene a nadie y todos pierden.
Teme, sin embargo, que este esquema no se repita en el ámbito de las aguas nacionales porque de no bajar el valor que se paga por «producción» a los trabajadores de a bordo, los barcos de altura no saldrán ya que al final de la marea los armadores gastan más de lo que ganan, y eso es un absurdo económico.
Cuestionó la intransigencia sindical del SOMU que se niega a bajar el ítem de producción, el que se fijó cuando el precio estaba en 12 dólares, siendo que ahora está a la mitad y con mercados cada vez más reducidos.

