Dijo que los clientes ya no se vuelcan a comprar la carne por kilo sino que se llevan la mitad de eso, o un corte pequeño que les permitan “darle color” a la comida.
La comerciante describió un duro escenario en el que los más perjudicados son los ancianos que llegan con el dinero justo o usan tarjeta de crédito para hacer frente a la compra que ya no solo no es el volumen de antes, sino que además son cortes más económicos.
También la carnicería ha modificado su abastecimiento y a principios de mes se compra un volumen de carne un poco más grande, pero después de la primera semana, ya se baja menos cantidad porque al no venderse, la mercadería termina quedando en las heladeras y en definitiva, es una pérdida de inversión.
Jones indicó que las subas no solo son en el rubro de la carnicería, y eso hace que el panorama sea cada vez más oscuro.
“Yo no creo que baje el precio”, señaló al describir que los costos también se incrementaron para el abastecedor, el transportista y el
productor, por lo que ellos también están tocando el piso de rentabilidad.

