Hoy se cumplirán 50 años de la fuga del penal de Rawson, el inicio de los sucesos que concluyeron, una semana después, con la ejecución clandestina de 16 de los 19 guerrilleros que fueron recapturados en el aeropuerto y llevados a la base «Almirante Zar» de la Armada donde se produjo lo que se conoció como «la masacre de Trelew».
La operación de fuga ejecutada el 15 de agosto de 1972 estaba planeada en principio para que se escapen 116 presos políticos, militantes, entre otros, del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, que habían comenzado a llegar a esa cárcel trasladados desde otros centros de detención.
El plan era salir del penal de Rawson, transitar los 20 km. hasta el aeropuerto de Trelew y tomar el vuelo 811 de la compañía Austral que tenía previsto hacer escala en la pista local.
De tener éxito, la fuga estaba llamada a convertirse en un suceso de alto impacto en términos políticos y sobre todo propagandísticos para las organizaciones armadas y, en simultáneo, un desprestigio para el gobierno de facto de entonces, ejercido por el general Alejandro Agustín Lanusse.
El cometido de escapar a Chile en el avión de Austral lo lograron solo los líderes Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Menna, Carlos Osatinsky, Roberto Quieto y Fernando Vaca Narvaja.
La fuga del penal de Rawson tuvo ribetes cinematográficos y llevó meses de preparación, con tácticas de inteligencia que incluyeron el soborno de celadores, entre ellos uno que hizo ingresar armas en latas de dulce.
El penal fue tomando por etapas, en una escalada que comenzó con la apertura de las celdas hasta llegar a la enfermería, luego tomar la sala de armas, ingresar al recinto telefónico y, al fin, trasponer los muros.
La fuga se inició a las 18:05, cuando comenzaba a oscurecer en Rawson y todo se desarrolló tal lo planeado hasta que el guardia externo Juan Gregorio Valenzuela, sospechó de los que venían saliendo y los enfrentó, circunstancia en la que fue acribillado.
Mirtha Valenzuela, hija del guardiacárcel abatido hace 50 años, reveló la desesperante espera de su madre porque se hacía tarde y el uniformado no volvía a su domicilio, como lo hacía regularmente.
La mujer recordó que la familia, de extracción muy humilde, quedó sin el sostén del hogar y con cinco niños pequeños, entre ellos un hermano de crianza que habían adoptado.
Mirtha denunció que nunca se esclareció el asesinato de su papá, ni existió siquiera una causa.
Reveló además que los restantes integrantes de la guardia se salvaron porque se hicieron los muertos y no ofrecieron resistencia, como fue el caso de Justino Galarraga, con quien se entrevistó.
El homenaje a Valenzuela por los 50 años de su fallecimiento en acto de servicio, se realizará mañana martes, a las 11, refrescó Mirtha.
Cabe recordar que el tiroteo con Valenzuela, entre otros factores, hizo fracasar la fuga masiva porque los camiones no llegaron, tampoco los vehículos menores y solo entró un auto manejado por Carlos Goldemberg, quien tenía apenas 18 años y en una maniobra temeraria subió a los seis integrantes de la cúpula que lograron subir al avión que había sido intervenido por otros combatientes que operaban como apoyo externo.
La vecina de Dolavon, Ana María Malalana, dio fe del despliegue externo que tuvo el operativo de fuga, cuando ella provenía del Dique Ameghino y paró para asistir a un vehículo volcado: resultó ser de dos integrantes de la organización guerrillera.
«Vi en el baúl pelucas, muchos dólares, jeringas y un bolso muy pesado» presumiblemente con armas, describió la vecina.
Ana María subió al rodado a uno de los accidentados en el inicio del camino de ripio, lo dejó en un hotel de Dolavon, y cuando fue a la comisaría a reportar el accidente reveló dónde había dejado a uno de ellos.
«Estaba tomando un té cuando lo fueron a detener dos policías y a poco de caminar se soltó y comenzó un tiroteo del cual resultó con heridas graves uno de la comisaría» recordó la mujer.
El restante integrante de la guerrilla que se había quedado en el auto volcado, fue detenido y alojado en la cárcel de Rawson en la que tuvo que ir luego a identificarlo.
El penal permaneció tomado por los presos desde el 15 de agosto a la noche hasta la mañana del día siguiente, cuando decidieron volver a las celdas y liberar a los rehenes, tras una larga noche de negociaciones en la que los muros habían sido rodeados por centenares de efectivos de las fuerzas armadas y de seguridad.
Un caso especial fue el del dirigente de Luz y Fuerza Agustín Tosco, también detenido en la cárcel de Rawson, a quien invitaron a participar de la fuga pero no quiso hacerlo.
Así lo recordó, en diálogo con Radio Chubut, el dirigente del Partido Comunista y contacto de Tosco en el exterior, Noel Nicolás Coronel.

